Raíces celtas y sincretismo cristiano: el largo camino de una festividad de octubre

Cada 31 de octubre, millones de personas en Colombia y el mundo participan en una festividad cuyo origen se remonta más de dos mil años, mucho antes de que existieran los disfraces de superhéroes o las calabazas talladas. Samhain, el festival celta que marcaba el fin de la temporada de cosecha y el inicio del invierno en las islas británicas e Irlanda, constituye el núcleo histórico de lo que hoy conocemos como Halloween. Para las comunidades celtas, este periodo representaba un momento liminal: la frontera entre el mundo de los vivos y el de los muertos se adelgazaba, los dioses se hacían visibles y los espíritus podían transitar libremente entre ambos planos. Hogueras y máscaras eran los instrumentos rituales con los que estas comunidades buscaban protección y favor divino ante la oscuridad del invierno que comenzaba.

La transformación de Samhain en Halloween es un caso paradigmático de sincretismo cultural. En el siglo VIII, el papa Gregorio III designó el 1 de noviembre como el Día de Todos los Santos —All Saints' Day—, absorbiendo estratégicamente las tradiciones paganas preexistentes. La víspera de esa fecha, All Hallows' Eve, fue adoptando gradualmente elementos de las celebraciones celtas. A esta fusión religiosa se sumaron prácticas medievales como el souling, costumbre irlandesa y británica en la que personas disfrazadas recorrían hogares a cambio de soul cakes —pequeños pasteles especiados— y oraciones por las almas del purgatorio. Ese intercambio ritual es el antecedente directo del moderno trick or treat, que en Colombia adoptó el nombre de triqui-triqui y se convirtió en una tradición urbana propia.

La migración masiva de irlandeses y británicos hacia Estados Unidos durante el siglo XIX fue el vector que transformó esta festividad en un fenómeno de alcance global. Desde Norteamérica, Halloween se exportó como producto cultural hacia América Latina, donde encontró terreno fértil en países como Colombia, coexistiendo con tradiciones locales vinculadas al Día de Difuntos. Hoy, la celebración colombiana integra generaciones distintas —niños, jóvenes y familias— en una experiencia que combina entretenimiento, creatividad y memoria colectiva. Que en 2026 el 31 de octubre caiga en sábado amplía el margen para que esa experiencia se extienda durante todo el fin de semana, consolidando una festividad que, lejos de ser una importación superficial, refleja la capacidad de las culturas para resignificar tradiciones ajenas y hacerlas propias.