Exilio sin épica política: cuando la memoria doméstica reconstruye la identidad

Narrar el exilio desde lo doméstico, desde la cocina y la música, desde las preguntas incómodas de los niños italianos en el recreo, es una decisión literaria y política al mismo tiempo. La escritora chilena María José Viera-Gallo lo hace en su más reciente novela, publicada por Anagrama, donde reconstruye su infancia en Roma tras el exilio familiar provocado por el régimen de Pinochet en 1973. El resultado es una obra que desafía la narrativa heroica que suele rodear a los relatos de exilio latinoamericano, apostando en cambio por la textura emocional de lo cotidiano.

Viera-Gallo vivió en Italia hasta los 14 años y ahora, desde la perspectiva de la maternidad, regresa a ese periodo con una mirada renovada. "Cuando una es madre, vuelve a ser hija", reflexiona la autora, quien describe su método narrativo como una reconstrucción honesta donde el recuerdo y la ficción coexisten sin jerarquías. La obra funciona como un álbum familiar de imágenes que nunca fueron fotografiadas: memorias fragmentadas, contradictorias, atravesadas por la culpa de haber sobrevivido con ciertos privilegios mientras otros permanecían en Chile bajo la dictadura. Esa tensión —sentirse extraña en Italia pero agradecida de estar viva— es el núcleo emocional del relato.

Lo que distingue a esta novela dentro del género de la autoficción latinoamericana es su enfoque deliberado en el exilio femenino y doméstico. Viera-Gallo rescata la figura de su madre, una feminista que observaba con ironía el papel secundario que las mujeres ocupaban incluso dentro de las comunidades de exiliados progresistas. "Es muy fácil contar la épica de mi padre y sus amigos en su lucha por recuperar la democracia. Pero me interesaba más narrar lo doméstico", explica la autora. Esa elección narrativa tiene implicaciones que trascienden lo literario: en un contexto latinoamericano donde el exilio sigue siendo una experiencia vigente y políticamente cargada, recuperar las voces que operaron en los márgenes de la historia oficial representa un acto de memoria tan relevante como cualquier crónica política.