El rincón de Portugal que esconde una aldea bajo el agua y una calzada romana de 2.000 años
El rincón de Portugal que esconde una aldea bajo el agua y una calzada romana de 2,000 años En el noroeste de Portugal, entre majestuosos picos de granito y valles surcados por ríos de montaña, se encuentra Terras de Bouro, un municipio que alberga dos capítulos fascinantes de la geografía…
El rincón de Portugal que esconde una aldea bajo el agua y una calzada romana de 2,000 años
En el noroeste de Portugal, entre majestuosos picos de granito y valles surcados por ríos de montaña, se encuentra Terras de Bouro, un municipio que alberga dos capítulos fascinantes de la geografía europea. Este lugar no solo es hogar de una aldea que resurge de las aguas, sino que también cuenta con uno de los tramos de calzada romana mejor conservados de la península. Situado en el corazón del Parque Nacional da Peneda-Gerês, el único de su tipo en el país y reconocido como Reserva Mundial de la Biosfera, este destino ofrece una mezcla única de historia y naturaleza.
El territorio de Terras de Bouro se extiende entre las cuencas de los ríos Cávado y Homem, un paisaje donde aún habitan especies emblemáticas como el lobo ibérico y la cabra montés, además de caballos semisalvajes que pastan en libertad. La riqueza de su patrimonio arqueológico, junto con la arquitectura rural de piedra y una red de cascadas y balnearios, convierte a este municipio en uno de los destinos menos explorados del Miño portugués, a escasa distancia de la frontera con Galicia.
La singularidad de Terras de Bouro radica en la coexistencia de dos huellas históricas que se extienden a lo largo de dos mil años. Por un lado, se encuentran los vestigios de una antigua vía imperial romana, y por el otro, los restos de una comunidad campesina que tuvo que ser desplazada por el desarrollo hidroeléctrico en el siglo XX. Ambos elementos, actualmente resguardados en museos, son el eje central del atractivo turístico de la región.
La Vía XVIII, también conocida como Geira o Vía Nova, conectaba Bracara Augusta (la actual Braga) con Asturica Augusta a lo largo de aproximadamente 318 kilómetros. El tramo que atraviesa Terras de Bouro, de unos 30 kilómetros, fue declarado Monumento Nacional en 2013 y conserva puentes, muros y calzadas prácticamente intactos. Este recorrido alberga la mayor concentración de miliarios del noroeste peninsular, con un total de 140 inventariados, de los cuales 102 permanecen en su ubicación original, con inscripciones que datan de los siglos I al IV de nuestra era.
El sendero más accesible para explorar la calzada romana va de Campo do Gerês a Portela do Homem, coincidiendo con el PR9, el Trilho da Geira, que atraviesa la Mata da Albergaria, un robledal centenario clasificado como Reserva Biogenética por el Consejo de Europa. En el antiguo puesto fronterizo se encuentra el Museu da Geira, que cuenta con un taller de epigrafía y un miliario de las épocas de Tito y Domiciano, lo que permite datar la apertura de esta histórica ruta.
La aldea de Vilarinho da Furna, sumergida en 1971, es otro de los atractivos de esta región. Originalmente, era una comunidad agropastoril situada entre la Serra Amarela y la Serra do Gerês, en la confluencia del Ribeiro das Furnas con el río Homem. La construcción de la presa homónima, de 94 metros de altura, obligó a desplazar entre 1969 y 1970 a unas 57 familias, y el embalse comenzó a funcionar en 1971, cubriendo por completo el antiguo caserío.
Los vecinos desplazados fundaron en 1985 la asociación A Furna, que inauguró en 1989 el Museu Etnográfico de Vilarinho da Furna, construido con piedras extraídas de las viviendas sumergidas y actualmente integrado en el Núcleo Museológico de Campo do Gerês. Durante los periodos de sequía o cuando la presa se vacía para su limpieza, las ruinas de la antigua aldea emergen, revelando casas, caminos y muros, un fenómeno que atrae a numerosos visitantes en los meses más secos. El acceso a esta zona sumergida se realiza a través de un camino que invita a explorar la historia oculta bajo las aguas.